En el templo de la paz

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Ven Tú
¡Oh Señor de la dicha!
Penetra en el santuario de mi meditación
y déjame sentir Tu presencia
en medio de un raudal de alegría.

Alá Eterno,
en el minarete solitario
de mi aspiración por Ti.
En la tranquila mezquita de mi mente,
arde el incienso
de mi quietud.

En el altar de mi Vihara interno,
te ofrezco las flores del despego.
Su casta belleza
te pertenece,
su perfume
lo derramo a Tus pies.

En un tabernáculo
que no ha sido hecho
por ninguna mano,
me postro ante el arca sagrada
y hago voto
de seguir Tus mandamientos.

¡Padre mío!
en una iglesia sin muros,
hecha con el granito de mi devoción,
recibe la humilde ofrenda
de mi corazón,
renovada con mi plegaría de cada día.

 

Paramahansa Yogananda

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