Ser hoja, ser tronco….

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Coloca tu mente en la observación de la respiración, inhalas y exhalas sintiendo como la vida ingresa a tu cuerpo una y otra vez, llenándolo de luz, de sabiduría, de amor. Inhala y exhala sintiendo que cada respiración es un acto de vida, una entrega del Padre, un acto inconsciente que durante el día no se observa, y te asombras con él. Pero si dejaras de respirar, lo que tú llamas vida cesaría en tu cuerpo. Se inhala la vida, entonces, y se exhala. Inhalas y tus pulmones se llenan de fuerza sabia, de luz. Siente como ese aire pasa al corazón y a través de la sangre llega a cada parte de tu cuerpo.

Inhala y exhala colocando la atención de tu mente en la respiración. Si la mente te saca de la observación, pacientemente retorna a la observación del aire que entra y sale por tu nariz.

Inhalas a Dios y lo exhalas conscientemente una y otra vez. Tan simple como eso. Tan simple como observar y sentir. El sentir a través de la observación, el sentir la vida, el sentir tu cuerpo, el sentir el milagro que se manifiesta en ti, el sentir la presencia paterna en cada parte de ti.

Siente la vida manifestada en ti a través de inhalar y exhalar, siente como ese aire recorre tu cuerpo una y otra vez. Solo observa, solo siente. Nada hay que entender, solo observas y sientes la vida manifestada en ti, inhalando y exhalando.

Érase una vez dos pequeñas hojas, hermosos retoños de un gran árbol. La una, con profundo desdén, mira a la otra y le dice:

Por qué tengo que mirarte a ti? Por qué tengo que estar toda mi vida al frente tuyo? De que me sirve mirarte?

Y la otra pequeña hoja le contesta:

Y por qué te molesta tanto mirarme, si cada vez que lo haces te estas mirando a ti misma? Que no te gusta de mí?

¿Acaso no comprendes que lo que no te gusta probablemente esté en ti?

¿Por qué no puedo volar, danzar como los pájaros?

Por qué mi vida depende de estar unida a ti?

¿Acaso no ves que tenemos el mismo tronco, que tenemos a misma raíz? No es el volar, el danzar, lo que te hace libre. Si eres capaz de comprender y aceptar cuál es tu raíz, de donde provienes, quien eres, de verdad danzaras y volaras. No habrá límites ni ataduras porque siempre serás parte de mí, y seremos hojas, tronco y raíz.

Pero date cuenta de que si simplemente desconoces tu naturaleza y desconoces lo que eres, caerás al suelo seca, sin vida, incapaz de perdurar eternamente pues simplemente lo que quisiste fue deshacerte de tu naturaleza, desconociendo que para poder caer, volar, germinar, florecer, necesitas mirarte en mí y aprender a ser hoja, para poder ser tronco, para poder ser raíz.”

 

De nuestro corazón para el tuyo con profundo amor y respeto!

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2 Responses

  1. Sandra says:

    Cada vez que leo
    Me haces ir a mi centro
    Donde encuentro paz
    Gracias infinitas

  2. Sandra says:

    Que linda enseñanza
    Aceptar nuestra escencia
    Nuestro vivir
    Vernos en el otro
    Comprendernos en Dios