Ducha Nasal Neti

Neti

Las fosas nasales son un órgano con funciones mucho más importante de lo que creemos. Entre más de 30 funciones que los otorrinos enumeran se encuentran, filtrar el aire absorbido, humedecerlo, percibir olores, etc.
La nariz es el único orificio que por lo general no se limpia y en el cual se van acumulando grandes cantidades de partículas sucias ya que por ella pasan cada día 16.000 litros de aire dejando gran cantidad de pequeñas moléculas de contaminación y bacterias. Además de la contaminación, se encuentra el tabaco, la dieta rica en azúcares, lácteos y harinas refinadas que perjudica las mucosidades, volviéndolas más densas y espesas.

La mejor manera de limpiar la nariz y mantener los conductos nasales despejados es administrar regularmente una ducha nasal que en términos de yoga se le conoce como Neti o Jala Neti, para lo cual se utiliza una especie de tetera denominada Lota.
La neti tiene un efecto depurador que limpia la zona, expulsa el polvo, grasa y contaminantes, lava a fondo las sensibles terminaciones olfativas y con todo ello aumenta nuestra capacidad para extraer y asimilar el aire físico y el prana energético; calmando la mente, eliminando tensiones y bloqueos energéticos.

Los expertos afirman que con ejercicios respiratorios y duchas nasales regulares, podemos eliminar muchos de los resfriados comunes, ya que no son solo son los gérmenes los responsables de los trastornos respiratorios, sino que la toxicidad patológica de las membranas nasales que se convierten en caldo de cultivo ideal para los gérmenes.

Daniel Reid aconseja esta ducha nasal 1 ó 2 veces a la semana pero otros autores prefieren a diario y en ayunas. Cuando hay mucha mucosidad se puede repetir varias veces al día, haciendo la última antes de dormirse.
La neti es una técnica sencilla e inocua que se puede realizar desde temprana edad. Con Jala Neti se eliminan residuos de la nariz y los senos nasales: polución, pólenes, mucosidades. Ayuda a respirar mejor al potencializar la oxigenación, previene contra enfermedades como asma, resfriados, resequedad de las fosas nasales bronquitis, congestión, sinusitis, alergia, ronquidos, faringitis, rinitis, afonía, dolores de cabeza. Por la conexión con otras zonas del cuerpo, sus beneficios se extienden a garganta, oídos y ojos.

A nivel profundo, alivia tensiones de la cara, dando alivio y relajación mentales. A través del sistema nervioso, mitiga malestares como ansiedad, depresión, epilepsia y migrañas.
Equilibra la respiración entre ambos lados de la nariz, armonizando la actividad de los dos hemisferios cerebrales.
Espiritualmente, ayuda al despertar de ajna chakra donde está localizado el tercer ojo, asiento de la clarividencia y la conciencia.

Su uso es muy fácil:
Usar agua tibia, con un 1/3 de cucharadita de sal preferiblemente marina fina o también se puede usar la sal común de mesa, revolver para que se disuelva completamente. La idea es aproximarse a la temperatura corporal de 36 a 37 grados centígrados y a la salinidad de los conductos nasales para que no se produzca un intercambio osmótico de líquidos con las membranas nasales.
Se llena la lota con la mezcla, se inclina el cuerpo hacia delante en el lavamanos, con la cabeza ladeada de tal forma que la nariz quede a la misma altura que la barbilla, se introduce la cánula o punta de la lota/tetera en el orificio superior de la nariz hasta que quede taponado el orificio y se va vertiendo poco a poco manteniendo la boca ligeramente abierta durante el proceso.
Se trata de que el líquido empiece a fluir naturalmente, entre por el lado superior de la nariz y salga por el inferior. Se hace eso con la mitad del líquido de la lota y se cambia de lado. Antes de cambiar de fosa nasal, sonar cada fosa nasal con suavidad.
Si la posición de la cabeza no es correcta, el agua puede desviarse interiormente hacia la boca y se siente el agua salada; en este caso no hay que tragar el agua, sino echarlo por la boca hacia el exterior y corregir ligeramente la inclinación de la cabeza para que el fluido sea correcto.
En caso de que una o las dos fosas nasales estén taponadas con mucosidad, aunque el agua no fluya hacia la otra fosa nasal, se mantiene la misma técnica dejando que el agua tibia entre en contacto con la mucosidad por un periodo de 15 a 30 segundos
Se retira la cánula y se deja fluir al exterior el agua que ha estado en contacto con la mucosa.
Sonar cada fosa nasal con suavidad y repetir este proceso varias veces hasta terminar el agua.
Repetir el proceso por el otro lado.

Secado:
Después de terminar con el paso del agua, es muy importante secar bien las fosas nasales; para ello debe ponerse de pie con las piernas separadas y el tronco doblado hacia delante, paralelo al suelo; una mano coge la muñeca de la otra en la espalda.
Con la cabeza levantada, inspirar y sonar con suavidad.
Bajar la cabeza, inspirar y sonar con suavidad.
Ladear la cabeza hacia la derecha, inspirar y sonar con suavidad.
Ladear la cabeza hacia la izquierda, inspirar y sonar con suavidad.
Repetir todo el ciclo varias veces hasta notar que las fosas nasales están secas.
Si se nota mareo, suspender la técnica, respirar normalmente varias veces y después continuar con el secado.
Finalmente, de pie y con el cuerpo erguido, sonar varias veces alternativamente y con mucho cuidado las fosas nasales, tapando una y sonando por la otra, hasta notar que no sale agua.
Secar los últimos restos de agua con papel.
Durante este proceso de secado, si no se hace con cuidado, se puede desviar agua hacia un conducto auditivo; no tiene gran importancia, salvo una ligera sensación desagradable que desaparecerá poco a poco.
Si el secado no se efectúa totalmente, también puede producirse un ligero efecto de rinitis que desaparecerá después de sonarse varias veces.
La prueba de que hemos hecho correctamente la limpieza nasal es que notemos cómo la sensibilidad olfativa aumenta enormemente.

Precauciones:
Se puede practicar en cualquier momento del día salvo después de las comidas.
Se puede hacer varias veces si hay congestión nasal
Personas con tendencia a sangrados nasales deben tener cuidado y hacerlo sólo bajo una supervisión experta.
El paso del agua debe ser sin molestias. Debe ocurrir de forma natural y sin forzar.
Cualquier sensación de dolor suele indicar un exceso o un defecto de sal. Si después de varios intentos sigue doliendo, es mejor abandonar la práctica y consultar a una persona con experiencia.
Suele ser más fácil si estamos relajados. Cualquier tensión en la cabeza hace que la nariz se cierre, impidiendo el paso del agua.
Una limpieza previa de residuos con un pañuelo puede ayudar a un mejor tránsito.

Fuente: David Donnini, Le Perle del Tantra. Ed. Radici 1, 1996.
Swami Satyananda Saraswati, Asana Pranayama Mudra Bandha. Yoga Publications Trust, 1996.

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