Acepta el don

Los seres humanos tenemos una inmensa tendencia a no conocernos, por estar encerrados en la trampa del pasado familiar, social y cultural. Cambiar significa deshacer los nudos que nos atan a la tribu, nudos que establecen lo que creemos que es nuestra individualidad.

El árbol genealógico nos posee por medio de ocultas amenazas: queremos ser amados por nuestros familiares, pero si no somos como ellos quieren que seamos, nos excomulgan. (Lo que equivale, en el inconsciente, a morir devorados por las fieras).

Si tratamos de analizar nuestro propio árbol sin ayuda de otro, nos enfrentaremos a muros que seremos incapaces de derribar, aquejados de cegueras psicológicas que tienen como base terrores infantiles. Queremos que cese nuestro sufrimiento pero, por angustia, no queremos saber su causa: el remedio se nos hace peor que la enfermedad.

Cuando vi por primera vez a la curandera Pachita, lo primero que me dijo después de examinarme en silencio fue: “Hijo querido del alma, acepta el don”. Al principio creí que al tratarme de hijo quería convencerme de que era mi madre, para provocar una transferencia. Pero luego comprendí que lo que me estaba diciendo era “Eres hijo de tu propia alma. Acéptala”. Es decir, acepta ser lo que eres y no lo que los otros te han obligado a ser. Vence al tabú: realiza lo que te está prohibido…

Toda sanación nos invita a salir de la isla del Yo para aceptar la unión con el Otro. Claro está que, en la soledad de nuestra celda, es necesario que demos los primeros pasos, es decir ayudarnos a nosotros mismos hasta donde podamos: este esfuerzo creará la grieta por donde comenzarán a penetrar otras voces. Hijo/a querido/a del alma, acepta el don.

 

Alejandro Jodorowsky

Leave a Reply